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Chile 2020

Se cumplieron ya diez años que la naturaleza nos dejó un mensaje en Chile de lo vulnerables que somos. A las 03:34:17h (hora local UTC-3), un temblor de magnitud 8,8Mw según el Servicio Geológico de los Estados Unidos, daba inicio a la tragedia que afectó a dos millones de personas cobrándose la vida de más de medio millar de víctimas y de dos docenas de desaparecidos según las cifras oficiales actualizadas a 31 de enero de 2011.

Placa conmemorativa que nos recuerda la altura que alcanzó el mar en esa zona.

El tsunami que llegó a las costas chilenas después del seísmo fue devastador. Aún hoy quedan huellas visibles de la catástrofe a pesar de que se trabajó eficazmente en la limpieza y reconstrucción de la zona. Una localidad especialmente afectada y que quedó prácticamente inundada fue Talcahuano, en Concepción (Región del Bío-Bío) que registró olas de hasta 5 metros elevando el nivel del mar en 2,4 metros. El Gran Coloso sigue tumbado recordándonos que la vida es de una sola dirección y muy frágil. No merece la pena perderla en banalidades, que ni el más grande y fuerte podrá protegerse ante la furia de la naturaleza.

Puerto de Talcahuano. Al fondo aún se pueden ver barcos tumbados por la gran ola.

Cuando visité la zona en 2019 me impresionaron enormemente las manchas que el mar dejó en los edificios. Se puede ver aún claramente hasta donde llegó el mar y sentir en el interior del alma la agonía que debieron sufrir los habitantes de esta localidad y la desesperación posterior al echar en falta a familiares y al ver la devastación que encontraron en el lugar en donde antes estaban sus hogares. Sólo recordar lo que pensé en ese momento me hace temblar. Del mercado apenas queda la estructura, pero ahí está para dar testimonio de la tragedia.

El Gran Coloso descansa de medio lado tras la descomunal fuerza del tsunami.

La fotografía la tomé desde el puerto naval de la Armada de Chile, de camino a una visita al interior del Monitor Huáscar y quise aprovechar la perspectiva para componer con la bandera de ese país y poder rendir este homenaje cumplida ya una década y que estoy seguro no será ni el primero ni el único. Pero Chile debe saber que hay gente dispersa por el mundo que hoy guarda un rincón en su corazón para recordar y llorar por las víctimas y enviarle desde la distancia un cariñoso abrazo y mucha calor y ánimo. Chile es un país con gentes muy peculiares; allí me encontré con gente generosa, con gente buena, muy abierta y acogedora. Pero como pudimos ver en los noticiarios de los pasados meses, también son gentes muy luchadoras. Espero que el gobierno chileno no olvide a las víctimas y siga haciendo todo lo posible para mantener seguros a sus ciudadanos ante cualquier amenaza natural, pues las fallas y los volcanes están repartidos por todo el país, formando parte ya del ADN chileno.

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