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Uno más en la familia

Acaban de pasar las navidades y cuando llegue el verano en el que se pueda viajar, comenzará la época de tragedias para algunos de los regalos.

Que levante la mano quién no haya sufrido en algún momento el tener que negarse a comprar un perrito a algún hijo.

El rey de las navidades

Han pasado las navidades. Antes de la pandemia y de los confinamientos ya eran el regalo estrella para la casa; pero ahora, que sabemos que en caso de confinamiento total quizás nos pueda suponer un soplo de libertad, todavía más.

Las mayores tasas de abandono de mascotas se dan en los meses estivales, que es cuando la tenencia de perros se convierte en un problema.

El problema de este tipo de regalos surge cuando el capricho se cumple y o bien los niños se aburren o llega el día en el que la familia se quiere ir de viaje de vacaciones y su mascota se convierte en un problema.

Haciéndose mayores

El abandono siempre es terrible, pero no sólo se hace cuando el animal sobra. Lo que nunca entenderé es que se pueda deshacer alguien de su mascota simplemente por que llega a una edad donde precisa mayores cuidados.

La historia de Pipo es terrible, a mi me conmovió y sobre todo, me sorprendió la inteligencia del animal.

Pipo es un mastín inglés que fue llamado así por su familia adoptiva. Un animal muy tranquilo y bonachón que parecía muy acostumbrado a tratar con las personas y con los niños.

No regales un perro si no te ves capaz de darle una vida digna y menos aún porque te lo pidan tus hijos.

Si no tienes suficiente espacio, si no te ves capacitado para cuidarlo y sacarlo a pasear a diario, llueva, nieve o salga un sol abrasador, es mejor que le ahorres el sufrimiento.

Abandonado en una gasolinera

La familia adoptiva acostumbraba a repostar combustible siempre en la misma gasolinera. Un día vieron un gran perro atado en la estación y preguntaron al propietario. Lo habían dejado abandonado y no sabían quién podía ser. Desde entonces, lo alimentaban y mantenían a la vista con la esperanza de que los dueños se arrepintiesen y regresasen por él.

Un par de semanas permaneció Pipo cuidado por el personal de la estación de servicio donde apareció.

Pasadas un par de semanas, las personas que se habían interesado por el animal, se comprometieron a cuidarlo mientras no apareciese su dueño. Pero éste nunca más aparecería.

Una mascota con buena calidad de vida

Lo sorprendente era que Pipo no parecía haber tenido mala vida, todo lo contrario. A pesar de haber pasado dos semanas en una gasolinera, su pelo seguía manteniéndose muy vistoso y se notaba que había sido muy mimado. Incluso se veía que le hacían la manicura pues tenía las uñas perfectamente cuidadas.

Los únicos problemas que presentaba Pipo eran los normales para un perro de edad avanzada, entre ellos una visión casi nula.

Con los niños era muy cariñoso y tampoco se ponía nervioso con la gente, lo que hacía pensar que se procedía de una familia en la que las visitas eran abundantes y en donde había presencia de menores y el perro se movía entre ellos sin suponer ningún peligro. Estaba acostumbrado a la gente. Adoraba el contacto y calor humano.

Una encuentro casual

Cuando tomé la foto no estaba ni mucho menos haciéndole una sesión a nuestro amigo. En realidad estaba haciendo fotografías a flores en el jardín de la familia adoptiva.

En un momento, el perro se me acercó por detrás y me tocó con su hocico para llamar la atención, lo cual surtió efecto porque enseguida recibió de mi una caricia.

El sueño posado

Al momento se tumbó a mi lado y con la lengua asomando entre sus labios, se quedó dormido justo delante de mi cámara… o eso al menos pensaba yo.

La naturaleza de estos animales es tan noble que cuando están bien educados no hacen más que sorprenderte.

Al verlo en un momento tan tierno, no pude evitar la tentación de inmortalizar el momento y enseguida me olvidé de las flores para centrarme en el gran mastín.

Fujifilm Finepix S100FS

53mm – ISO 100 – f/4.5 – 1/25seg

Sinceramente, no me esperaba lo que sucedió seguidamente. En cuanto realicé la primera exposición, mientras revisaba la pantalla para ver qué tenía que corregir, Pipo abrió sus ojos, me miró, se levantó y se fue. Ahí supe que además debía estar acostumbrado a que le hiciesen fotos y seguramente de alguien con conocimientos pues fue ver la cámara y saber lo que tenía que hacer… pero la oportunidad se ciñó a una única oportunidad, la que aquí os muestro.

Fue una de mis mejores experiencias con animales. Tenerlo tan cerca como para notar su respiración y haber cruzado nuestra mirada justo antes de levantarse, no creo que se pueda igualar.

Cuida de tu mascota y estarás cuidando de tu familia.

Anxo Dafonte

Gracias por leerme, saludos, abrazos y feliz semana.

Por Anxo Dafonte

Como fotógrafo me considero multidisciplinar, dicen que eso te hace ser mediocre en todo y bueno en nada... pero como yo soy feliz así, ¡que me quiten lo 'bailao'!

2 respuestas a “Uno más en la familia”

Si tenemos un ser vivo a nuestro cargo, debemos cuidarlo con cariño hasta el final de sus días. La gente que no lo hace así, desde mi punto de vista, no entiende el sentido de la vida ni lo que es el respeto a la vida.
Conseguiste una fotografía excelente, pues es de calidad técnica y consigue transmitir empatía por Pipo.
Gracias.

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Las fotos de retrato, como siempre digo, deben repartir el mérito al 50% entre modelo y fotógrafo. En este caso, para ser justo, yo me quedo con un 10%, pues el 40% que me correspondería lo dejo a la suerte. Simplemente era esa primera foto que solemos decir “de prueba” 😉 Tuve suerte de que Pipo tuviese ese carácter generoso y supiese posar tan fenomenalmente y, tuve suerte con la medición. El encuadre y perspectiva es lo que me adjudico y me enorgullece de la exposición.

¡Y efectivamente! Debemos saber valorar la vida, no sólo humana. Y devolver el cariño a los seres que nos rodean hasta el último suspiro.

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