Fotografía y texto: Anxo Dafonte, 2021
Contacto: info@adafonte.com
Los anthrenus pertenecen a la familia de los coleópteros y son conocidos normalmente como escarabajos de las alfombras.
Son redondos y muy pequeños,  con tamaños que comprenden de los dos a los tres milímetros y generalmente el ser humano apenas puede apreciar sus colores a simple vista pareciéndose más bien un puntito negro.
Sus antentas rematan en forma de bola, más grande en el caso de los machos y presenta unos dibujos tan llamativos como atractivos.
Se trata de una especie muy extendida geográficamente y la puedes encontrar repartida por prácticamente todo el mundo, pero eso no la convierte en algo a temer pues la mayoría de ellas son totalmente inofensivas. Sin embargo, las que representan algún peligro acostumbran a ser bastante dañinas, como en el caso de nuestro sujeto.
Además del nombre de escarabajo de las alfombras también es conocido como escarabajo de los museos.
Este insecto se alimenta de otros pero no cazándolos sino que se comporta más bien como carroñero, lo que lo convierte en una peligrosa plaga que puede causar daños en la mayoría de los museos que guarden colecciones de tipo etimológico.
En nuestros hogares también pueden producir severos daños si se encuentran con fibras de tipo orgánico que llevarse a la boca, como el cuero (que también encontrará en la tapa de algunos libros), la lana y cualquier otra prenda confeccionada con tejido orgánico.
Su reproducción se da únicamente una vez al año, a finales de la primavera, pero las puestas de una sola hembra pueden proporcionar entre veinte y cien huevos por lo que no sufren de muchos problemas de conservación de la especie y de colonización.
Al no afectarles mucho la humedad relativa, se llevan bastante bien con los interiores.
La sesión fotográfica
Para la sesión con este ejemplar que me encontré buscando alimento en unas cortinas sintéticas, comencé exponiendo con luz natural que le llegaba a contraluz y que yo reflejaba en un pequeño espejito y rebotaba también en un pequeño trozo de cartón pluma de color blanco.
Al no poder lograr la claridad que deseaba para resaltar sus colores, tomé la decisión de continuar con el flash, algo que realmente no me gusta mucho cuando se trata de seres vivos que no dan su consentimiento para ser fotografiados.
En todo momento fotografié a mano alzada pues colocar un trípode en esa zona no me resultaba muy práctico.
Al utilizar tubos de extensión también reducimos mucho la profundidad de campo y con ejemplares vivos y que se pueden mover muy rápido prefiero trabajar a pulso porque eso me permite reaccionar con mayor eficacia a la hora de recuperar el enfoque.
Cuando pasé a la sesión con flash opté primero por colocar una extensión que me fabriqué yo mismo con un tubo de patatas fritas industriales y una vez obtenido el detalle del insecto lo coloqué en una posición más nadir para poder captar mejor la textura del terreno y el volumen del insecto.
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